dimecres, 11 de febrer de 2009

SEGON CENTENARI D'EDGAR ALLAN POE


El mes passat va fer dos-cents anys del naixement d'aquest escriptor, tot un referent de la novel.la de misteri i de por, de la introspecció morbosa, de la filosofia descarnada, de la estètica gòtica que transcedeix i inspira, posem per cas, Tim Burton.

Recordo quan vaig descobrir aquest autor, allà per la meva adolescencia remota, i com van colpir-me aquelles històries angoixants, aquell buit insondable cap a on m'abocava el pànic, sent, com era, impressionable, les imatges i les sensacions que expressava em van conmoure tant que vaig haver de deixar de llegir-lo. Potser ara no em provocarien les mateixes sensacions, però és inegable la capacitat de remoure l'ànim i, sobretot, l'originalitat que va representar en el seu temps la seva manera d'escriure.

George Bernard Shaw el va descriure extremadament bé en l'article que va escriure sobre ell en motiu del primer centenari del seu naixement:

" Sobre todas las cosas, Poe es grande porque es independiente de las atracciones baratas, independiente del sexo, del patriotismo, de las peleas, del sentimentalismo, del esnobismo, de la gula y de todo el resto de las mercancías vulgares que circulan en su profesión. Eso es lo que le confiere una soberbia distinción. Aborda algo tan trillado como la emoción de una niña moribunda en Annabel Lee , y lo desvulgariza al instante. Ni siquiera pudo entretenerse con historias de detectives sin antes purificar la atmósfera de éstas hasta que se volvieron más edificantes que la mayoría de los himnos antiguos o modernos. Sus versos a veces alarman y confunden al lector dejando entrever su propia belleza; pero esa belleza no es nunca la belleza de la carne. Nunca se le podría decir, como hay que decir con cierta inquietud a tantos artistas modernos: "Sí, amigo mío, pero éstas son cosas que las mujeres y los hombres deben vivir , no escribir sobre ellas. La literatura no es el agujero de una cerradura para que gente con hambre de afectos espíe los banquetes del cuerpo". Desde luego, nunca se convirtió en algo así en manos de Poe. La vida no puede dar lo que él nos da, excepto mediante el gran arte; y su instintiva observancia de esta distinción y el hecho de que nunca mendigó, como mendigaría la mayoría de los escritores, hacen de él el más legítimo y el más clásico de los escritores modernos"

Profeta, ocell, o diable, continuarà segle rera segle responent-nos "Mai més".

Sílvia Tarragó